Me animo a escribir por primera vez, algo relacionado con el oficio que estoy aprendiendo, dejaré que fluya. Oficio, linda palabra para desglosar, y lo voy a hacer ya que me vino a la mente, solo con lo que sale de mis reflexiones, sin googlear, sin investigación externa, solo pensando en lo que me dice. Oficio es un concepto que en principio remite a la ocupación que uno tiene, pero a diferencia de la profesión, que en principio está más relacionada a estudios teóricos, el oficio parece guardar más relación con la práctica. Si le preguntamos a cualquier persona que oficios conoce, te dirá albañil, plomero, carpintero, electricista. Todas disciplinas que son absolutamente necesarias para que transcurra nuestra vida diaria, pero que también pueden ser llevadas a cabo por cualquier persona que “se de maña”. Distinta es una profesión, necesitamos profesionales en nuestro transcurrir, pero ejercer una profesión sin título, es motivo de sanción. Si el dueño de una casa cambia el cuerito de la canilla y la arregla, la vida sigue, si la rompe rompe, solo gastará más dinero contratando un plomero que sabe, y que le hubiera cobrado menos por cambiar el cuerito que por arreglar una canilla rota. Si una persona realiza una cirugía sin título, va presa, independientemente del resultado de la cirugía. El oficio carece del prestigio de las profesiones. Será por eso que están en extinción y que conseguir un plomero cuesta muchísimo más que un turno a un neurólogo. Y bueno… a la cabeza hay que cuidarla, pero hay que lavarla también… En fin, escribir, redactar, contar historias escritas, todos oficios totalmente inútiles, según diversas visiones utilitaristas de hoy en día. Pero altamente gratificante si te gusta hacerlo. En mi vida escribí mucho, desde el secundario que me gustaba, me gustaba leer también, supongo que están altamente relacionados. Ese gusto me llevó a estudiar Historia, donde tuve que leer y escribir mucho. Y acá sigo, escribiendo. Antes de terminar la secundaria, una de las carreras que pensé en seguir, fue Marketing. A fines de los ´90, imagino un marketing muy distinto al actual, aunque supongo que en esencia era similar. Y hoy estoy aquí, dedicándome a escribir para vender. Intentando un oficio nuevo, la profesión de historiadora, con todo su academicismo no queda atrás del todo, pero sí en stand by por ahora. Y bueno, quizás un día se integren. Hoy, siento que lo que acabo de escribir no tiene remate, no tiene por qué tenerlo, no estoy contando un chiste, pero tengo una obsesión por darle un final digno a todo. Hoy no.. Me animo a escribir por primera vez, algo relacionado con el oficio que estoy aprendiendo, dejaré que fluya. Oficio, linda palabra para desglosar, y lo voy a hacer ya que me vino a la mente, solo con lo que sale de mis reflexiones, sin googlear, sin investigación externa, solo pensando en lo que me dice. Oficio es un concepto que en principio remite a la ocupación que uno tiene, pero a diferencia de la profesión, que en principio está más relacionada a estudios teóricos, el oficio parece guardar más relación con la práctica. Si le preguntamos a cualquier persona que oficios conoce, te dirá albañil, plomero, carpintero, electricista. Todas disciplinas que son absolutamente necesarias para que transcurra nuestra vida diaria, pero que también pueden ser llevadas a cabo por cualquier persona que “se de maña”. Distinta es una profesión, necesitamos profesionales en nuestro transcurrir, pero ejercer una profesión sin título, es motivo de sanción. Si el dueño de una casa cambia el cuerito de la canilla y la arregla, la vida sigue, si la rompe rompe, solo gastará más dinero contratando un plomero que sabe, y que le hubiera cobrado menos por cambiar el cuerito que por arreglar una canilla rota. Si una persona realiza una cirugía sin título, va presa, independientemente del resultado de la cirugía. El oficio carece del prestigio de las profesiones. Será por eso que están en extinción y que conseguir un plomero cuesta muchísimo más que un turno a un neurólogo. Y bueno… a la cabeza hay que cuidarla, pero hay que lavarla también… En fin, escribir, redactar, contar historias escritas, todos oficios totalmente inútiles, según diversas visiones utilitaristas de hoy en día. Pero altamente gratificante si te gusta hacerlo. En mi vida escribí mucho, desde el secundario que me gustaba, me gustaba leer también, supongo que están altamente relacionados. Ese gusto me llevó a estudiar Historia, donde tuve que leer y escribir mucho. Y acá sigo, escribiendo. Antes de terminar la secundaria, una de las carreras que pensé en seguir, fue Marketing. A fines de los ´90, imagino un marketing muy distinto al actual, aunque supongo que en esencia era similar. Y hoy estoy aquí, dedicándome a escribir para vender. Intentando un oficio nuevo, la profesión de historiadora, con todo su academicismo no queda atrás del todo, pero sí en stand by por ahora. Y bueno, quizás un día se integren. Hoy, siento que lo que acabo de escribir no tiene remate, no tiene por qué tenerlo, no estoy contando un chiste, pero tengo una obsesión por darle un final digno a todo. Hoy no..